junio de 2004
Tracy Robinson
Déjenme comenzar expresando mi agradecimiento a los anfitriones de esta Conferencia Ministerial sobre Mujeres. Me siento muy honrada por haber sido invitada a compartir la sesión de apertura. Siempre estoy agradecida por ser incluida en conversaciones del tipo de las que ustedes tendrán en los próximos dos días. Para los que han tenido que escucharme recientemente, algunos menos de dos semanas, mis disculpas, y me compadezco de ustedes especialmente les imploro por favor que escuchen en esta mañana.
Yo soy una profesora de leyes y una feminista pero debo confesar que hay muchos días que para hacer el trabajo que me comprometo a hacer, siento como si necesitara tener conocimientos de lenguas. El decoro y la política alrededor de las palabras mujer y género se han convertido en un asunto lejos de ser insignificante. La cuestión de legitimidad de seguir hablando de las mujeres por hablar de las mujeres ( este es, por ejemplo, una conferencia ministerial sobre mujeres) y el asunto de cuando debemos utilizar el lenguaje de género nos ha vuelto torpes y chapuceras. Al estar a punto de acercarte a algo que tu ves como progreso, tienes rápidamente que moverte hacia atrás en una posición defensiva, para explicar y para que tu misma entiendas cómo las preocupaciones de las mujeres y contribuciones feministas están firmemente basadas en la genealogía de la palabra ‘género
Como prefacio, déjenme decir dos cosas de las cuales estoy segura:
La primera es que las mujeres se mantienen en el centro de una agenda de justicia de género hoy por muchas de las mismas razones que existían hace treinta años cuando se establecieron los primeros buroes de asuntos de mujeres.
Las mujeres se mantienen en el centro porque el promedio de mujeres de Trinidad y Tobago por ejemplo en 1999 ganó $1913.87 y el promedio de hombres $2342.47.
Ellas se mantienen en el centro porque un tercio de las mujeres en una encuesta en Surinam dijo que experimentaban acoso sexual en sus puestos de trabajo [1]
Ellas se mantienen en el centro porque hasta recientemente (no estoy segura si esto ha cambiado) no habían mujeres en el Parlamento en Antigua y Barbuda.
Las Mujeres se mantienen en el centro porque en Trinidad y Tobago en 1997, 80% del comportamiento forzado sexual se llevó a cabo por personas bien conocidas de las víctimas, quienes usualmente fueron mujeres o niñas. [2]
Nosotras podemos y debemos ampliar la agenda de justicia de género, pero no cometamos errores, las mujeres continúan siendo el foco legítimo de atención, no porque las mujeres son una categoría especial o grupo de interés, sino porque las mujeres aún enfrentan desventajas del sistema hoy en el Caribe.
Mi segunda observación es de un orden diferente. Estoy cada vez más preocupada con la profesionalización de los ‘asuntos de género’ comencemos a tratar lo que realmente son procesos que facilitan (como el análisis de género, integración de género, perspectiva de género) como finales de ellos mismos. Yo no quiero que estemos en el negocio de abrazar el género y olvidarnos de que al final es la transformación social detrás de la que estamos.
La mejor forma de decir lo que queremos es, como lo he dicho en otra ocasión, que creo que debemos comenzar a ver el género como una sugerencia. Lo que quiero decir es que el género debe ser sugerido de una agenda de justicia social amplia en la que la idea que nos ofrece sobre poder y desventaja, forma una plataforma estratégica y una fundación ideológica para terminar con todas las formas de opresión, especialmente trabajando con la pobreza, violencia, enfermedades y fanatismo.
Decir que el desafío auténtico ahora en el Caribe es la cuestión de hombres y su marginalización es, perdónenme, miope y pierde la inmensidad de lo que se nos pone delante. Es como averiguar cómo cruzar un pequeño riachuelo - es verdaderamente la enormidad del Mar Caribe, lo que está delante de nosotros para conquistar y necesitamos construir un bote.
El desafío de género en el Caribe hoy, es la cuestión de justicia. Por justicia yo quiero decir compromiso sostenido de asegurar que “cada ser humano cuente, cada uno tiene el derecho a florecer.” [3]
Esta idea de justicia no es una teoría que pensamos en las aulas, salones de conferencias reuniones de planificación estratégica y asambleas generales. Este sentido de justicia es uno del que nos hacemos idea, no lo conocemos por adelantado, este sentido de justicia se establece con el tiempo, no se encuentra en instrumentos. Me gusta como David Kennedy habla acerca de este sentido de justicia como “algo que se debe hacer, experimentar, articular y ejecutar cada vez de forma diferente.” [4]
Muchas de ustedes en sus Buroes ya están luchando con este amplio sentido de justicia, está involucrada en los programas de mitigación de la pobreza, iniciativas para proteger a los ancianos, trabajo y desarrollo de políticas centradas en las trabajadoras domésticas y trabajadores sin oficio, programas para fortalecer a las comunidades, intervención tanto para las víctimas como para el perpetuador, en relación con la violencia doméstica, y programas de capacitación para oficios, por nombrar algunos.
Hasta ahora hemos dependido mucho de los apuntalamientos morales de la justicia de género sobre el idioma o lenguaje de los derechos humanos y el enigma de mi propia preocupación esta mañana en hablar sobre justicia de género hoy, es la ansiedad que nosotros podamos haber logrado algún sentido de igualdad en forma pero no en sustancia. O como se me presentó elegantemente, utilizando el lenguaje de Ann-Marie Goetz, la disparidad de las ‘altas políticas del estado’ y las profundas políticas de la sociedad”
Esta es una ansiedad a la que hemos comprometido más recursos que nunca antes para asegurar un aumento en la representación de las mujeres en la vida política, y aún en elecciones recientes en algunas partes de la región el número de mujeres en la Cámara de Representantes ha decaído, no aumentado.
Esta es una preocupación a que hemos dedicado recursos para prevenir y controlar la transmisión del VIH/SIDA pero continuamos viendo un irrazonable número especialmente de jóvenes y particularmente de hembras afectadas.
Una preocupación es que hemos promulgado leyes que tratan la violencia doméstica en todas partes de nuestras regiones, uno de las más importantes iniciativas del siglo veinte para proteger a las mujeres, y aún así estamos lejos de convencernos de que la incidencia de violencia está disminuyendo, algunos de ustedes temen, bastante francamente lo opuesto..
El asunto de los derechos humanos y cultura fue claramente puesto en el informe final de Trinidad y Tobago al Comité de CEDAW, quien dijo: ‘el principio de la igualdad de género está incluido en la Constitución de Trinidad y Tobago. En la práctica, sin embargo, continua existiendo actitudes y comportamientos firmemente establecidos que perpetúan la violencia basada en el género. Ideología patriarcal y nociones de la dominación masculina siguen persistiendo y demuestran ser difíciles de cambiar. Mientras se han promulgado legislaciones y se han tomado medidas para resolver esta situación, existen desafíos en cuanto a cambiar el contexto sociológico de la igualdad de género. [5]
Estoy preocupada con la medición de nuestros logros y reveces. Sobre eso ustedes son expertos. Se han hecho tremendos logros en los treinta años pasados, a lo que ustedes han contribuido, muchos de estos ya he mencionado esta mañana. Estoy muy poco interesada en ofrecernos una forma de pensar sobre la relación entre cultura y derechos humanos dentro del un proyecto más grande de justicia de género que puede que no alivie la ansiedad sino que apunte a modestas posibilidades.
Bastante simple, creo que esperamos menos en término del progreso de un compromiso amplio con el lenguaje general de los derechos humanos de las mujeres, y por el contrario yo creo que debemos comenzar a esperar más de los distritos electorales de la comunidad.
Creo enérgicamente en el concepto de derechos humanos pero debemos aceptarlo sabiendo sus límites. Las mujeres han recurrido al lenguaje de los derechos humanos porque habla con certeza, simplicidad, y universalidad. El lenguaje es despiadado a cualquier impedimento que se atraviesa en su camino. La Convención de las Mujeres lo expresa abundantemente claro, que ya sea papeles de sexo y actitudes culturales estereotipadas, ninguna de esos deben atravesarse en el camino de la igualdad de las mujeres, especialmente en la familia: deben ser sistemáticamente desmantelados.
La ironía es que esta misma calidad de derechos humanos que da energías a nuestro proyecto de emancipación – esto es, profunda dirección y falta de equivocación – ( estas son las altas políticas) puede impedir nuestra agenda de transformación ( las políticas profundas). A menudo olvidamos que la agenda para la justicia de género debe comenzar donde está la gente. Nosotros somos los que menos probablemente tengamos un profundo impacto en las vidas de las mujeres y los hombres del Caribe si rechazamos completamente como ellos se ven así mismos. [6] Este no es necesariamente un argumento fácil de aceptar.
Lo que se requiere no es mucho, el abandono de la cultura en nuestras aspiraciones para la justicia de género como una re- imaginación de cultura. Hablamos de cultura como si fuera una cosa. Cultura está llena de contradicciones e ironías.
En el proceso y debate actual acerca de la reforma de la ley de la familia en Organización de Estados del Caribe Oriental (OECS, siglas en inglés) uno de los colegas ha advertido sobre la tensión potencial entre normas internacionales y tradiciones. [7] Un aspecto de la cultura que se singulariza es la religión que se describe habitualmente como un mayor obstáculo para las reformas, por ejemplo, en la ley de la familia que reconoce otras uniones.
Pero cuando tu hablas de las familias del Caribe, aún si ellos hablan de la importancia del matrimonio en términos religiosos, la costumbre de ellos claramente sugiere que ellos creen que hay muchas otras formas de construir familias que involucran serias relaciones con los compromisos familiares y contribuyen significantemente al desarrollo de la nación.
Señora y Señores Ministros y Jefes de Buroes, al re-imaginar la cultura tenemos que aprender cómo tener conversaciones que nos permitan negociar justicia como “algo que debe ser hecho, experimentado, articulado, realizado, cada vez como nuevo” [8] desde dentro de cómo la gente habla acerca de sus vidas y comunidades, con todas sus inconsistencias, y conflictos internos. Requiere compromiso y consideración, reflexión y re-evaluación. No es ético esperar que la gente no observe las nuevas leyes y políticas que parecen no concordar con su sentido de sí mismo. Debemos también dedicarnos a tener discusiones con sentido a una edad temprana, aprender cómo preguntar los tipos de preguntas correctas que nos expongan a un sentido variado de nuestra cultura.
Yo creo que si le decimos a las mujeres que escojan entre lo que llamamos derechos y religión, entre intereses individuales y una vida en comunidad, las respuestas serían clamorosas. No estoy segura que esta fue siempre mi posición, pero tenemos que encontrar formas de tener nuestras conversaciones dentro de la iglesia y no simplemente en oposición con la iglesia.
Este punto es clave, para hacerlo así debemos reconocer y facilitar los que desde dentro de la comunidad resisten y claramente discrepan de normas culturales dominantes.
La investigación y nuestro propio trabajo en el terreno nos dice que la violencia doméstica es endémica, culturalmente arraigada pero es una oposición igualmente clara es también firmemente una parte de quienes somos en el Caribe. Nuestra cultura ha sido una cultura de patriarcado, pero nuestra cultura ha sido también una cultura de resistencia al patriarcado.
No hay otra forma de explicar en la Corte de Familia de Santa Lucía en 2000 30.2 por ciento de solicitudes fueron de órdenes de protección con respecto a la violencia doméstica. [9]No hay otra forma de entender por qué en Granada antes de que cualquier legislación sobre violencia doméstica fuera promulgada acerca de un cuarto (24.2%) de las personas que buscaban sus servicios en 2000 lo hicieron para tratar de resolver casos de violencia doméstica. Muchas mujeres se arriesgarán en el sistema imperfecto legal las cortes comúnmente se conocen por tener una reputación de “confusión y enredo” [10] para ser más claro que ellas no aceptan patriarcado como su cultura.
Esto significa que abramos los ojos completamente a la agencia de las mujeres. En muchas ocasiones yo he dicho que estamos muy contentos de prestar atención a las mujeres solo cuando parecen no tener vida y cuando las vemos como víctimas. Parte de lo que hará posible la justicia social, como proceso actual ‘realizado cada vez como nuevo’ es el alcance al que empoderamos y reconocemos esos comprometidos a una vida prometida dentro de la cultura, como una que incluye discrepancia y desafío.
La tarea de justicia social no es menos formidable de esta forma, sino que se hace más posible cuando tenemos en cuenta aquellos que llamamos activistas. Estoy ansiosa de que entendamos los feminismos caribeños como parte de ese grupo que en medio del la comunidad desafían la comunidad. El trabajo de ustedes a nivel de estado no sería viable si los que están en discrepancia con nuestra cultura son demonios o tratados como seres incorregibles alienados de las mujeres. He insistido en que el activismo feminista en el Caribe en sus varias formas es una forma en que las mujeres viven. Que las feministas no son otras mujeres. Que mientras que a menudo representan las preocupaciones de las mujeres, igualmente sus vidas representan una forma de vivir de las mujeres [11]
Al finalizar no puedo dejar de pensar en el calypso de Singing Sandra de 1987. Las mujeres fueron y siguen siendo castigadas por importar en nuestra región conceptos extraños ajenos a nuestra cultura con el tema de hostigamiento sexual. Y desde firmemente dentro de la cultura vino la discrepancia de Singing Sandra: que esta forma de humillación no era parte de su cultura, y ellos pueden quedarse con su dinero, yo me quedo con mi miel y me muero con mi dignidad”
Bueno, la aspiración principal de la justicia de género es por una vida con nuestra dignidad. De ser capaz de entre otras cosas como ella dice ayudar a mantener a tu familia, para ella, ayudar a su hombre económicamente. La justicia social se encuentra en el mejoramiento de la vida al nivel de lo más ordinario. La articulación muy amplia de los derechos de las mujeres como derechos humanos es ya bien el principio o un punto en el viaje pero nunca puede ser todo. Justicia no puede ser iniciativa de arriba para abajo debe tener cierta conexión con la forma en que vivimos actualmente y entendemos la vida. Los detalles de los derechos humanos deben estar sujetos a las influencias de los nativos y la cultura no siempre tiene que ser la enemiga.
Muchas Gracias.
[1] Surinam, Informes Periodicos iniciales y segundos bajo la Convencion sobre la Eliminacion de Discrimination Contra las Mujeres (2000), 70 - 71.
[2] Trinidad y Tobago, Informes Periodicos iniciales, segundos y terceros bajo la Convencion sobre la Eliminacion de Discriminacion Contra las Mujeres (2000), parr.
[3] Mari Matsudu, Where is your body (Donde esta tu cuerpo?) (1996) xiii
[4] David Kennedy, "The International Juman Rights Movement: Part of the Problem? (2002) 15 Harvard Human Rights Journal 99, 116.
[5] Trinidad and Tobago, Initial, Second and Third Periodic Report under the COnvention on the Elimination of Discrimination Against Women (2000), para. 107
[6] Katherine Barlett, "Tradition, Change and the Idea of Progress in Feminist Legal Thought" (1995) Wisconsin Law Review 303, 305
[7] Leighton Jackson, Leighton (2002). Summary of Research Reports: Family Law and Domestic Violence in the Eastern Caribbean: Judicial and Legislative Reform.
[8] David Kennedy, "The International Human Rights Movement; Part of the Problem? (2002) 15 Harvard Human Rights Journal 99, 116.
[9] OECS-CIDA Judicial and Legal Reform Project, OECS Case Profile Review 2000: An Analysis of Criminal and Civil Cases in the magistrates Courts of the OECS August 2002. 22
[10] UNECLAC, An Evaluative Study of the Implementation of Domestic Violence Legislation: Antigua and Barbuda, St. Kitts-Nevis, St. Lucia and St. Vincent and the Grenadines Prepared for the Family Law and Domestic Violence Legislative Reform Project: Eastern Caribbean Supreme Court (2001)
[11] Tracy Robinson, "Constitutional Reform in the Caribbean: Gender Imperatives in the 21st Century" presented at the Mona Academic Conference 2003, "Gender in the 21st Century", UWI, Mona Campus, 29-31 August 2003.