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El feminismo en Puerto Rico en el umbral del nuevo milenio: Retos y Alternativas.

Por Maribel Caro

Martes 25 de junio de 2002

Debo decir que me considero parte del movimiento feminista, no porque he seguido su trayectoria y lo conozco cabalmente, sino porque en mi vivencia como mujer he reconocido la importancia de que haya políticas y planes de trabajo que cuestionen la opresión y adelanten la paz, la justicia y el bienestar de las mujeres en todo el sentido de la palabra.

El movimiento feminista ha luchado incansablemente para lograr relaciones de equidad entre los géneros, la participación y no explotación de las mujeres en el sector laboral, condiciones justas de empleo y de salario, que se nos reconozca el derecho de controlar nuestros cuerpos, nuestras vidas y nuestra sexualidad y a vivir una vida libre de cualquier manifestación de violencia. Hemos luchado por nuestros derechos como humanas y para que se mantengan y amplíen nuestras conquistas. Hemos afirmado el derecho a participar de los procesos que impulsen políticas económicas comprometidas con la erradicación de la pobreza, con garantizar la vivienda adecuada, la salud, la educación y otras muchas necesidades. Todo este valioso trabajo se ha gestado desde diferentes frentes: los centros de trabajo, las organizaciones de mujeres y las no gubernamentales, la academia, los movimientos estudiantiles, los partidos y organizaciones políticas, las organizaciones de derechos humanos; a través del trabajo cotidiano, el activismo político, la integración en los medios de comunicación, las conferencias internacionales, las políticas públicas, las investigaciones y las actividades educativas.

Este ha sido un trabajo de valor incalculable, en el que se ha invertido la energía de muchísimas mujeres - y hombres también - conscientes y comprometidos con la justicia y la dignidad. Gracias a gestiones políticas, académicas, legales y sociales se han alcanzado logros significativos en favor del bienestar de las mujeres.Sin embargo me parece que en el proceso de intelectualizar, politizar, legalizar y socializar estas condiciones, nos hemos perdido, se ha perdido algo de nuestra esencia.

¿Qué es lo que quiero decir con esto? Lo que intento decir es que me parece justo y necesario hacer investigaciones en torno a los asuntos que nos afectan y llevar a cabo gestiones políticas, legales y sociales para mejorar nuestras vidas, pero me parece que en ocasiones en estos procesos se percibe a las mujeres como algo abstracto y homogéneo, cuando la realidad es que hay una gran diversidad de mujeres con necesidades particulares que no necesariamente están representadas . Y más allá de eso, que las mujeres necesitamos no solo que exista una consciencia y que se den gestiones para garantizar nuestro bienestar y desarrollo, sino también que se dediquen esfuerzos y se creen y validen espacios en los que podamos sanar y expresar nuestros pensares y sentires acerca de lo que ha sido la experiencia de opresión. Ya estamos listas para que no solo haya voces que hablen de y por nosotras, sino para gritar a viva voz lo que nos ha dolido y lo que necesitamos para sanar. Cambiar las condiciones extrenas de la vida de las mujeres tiene que comenzar con un procesod de transformación desde adentro, desde el interior de nosotras mismas y desde el interior del movimiento.

El movimiento feminista en Puerto Rico se encuentra actualmente en una etapa de reflexión y cuestionamiento. Ha sido preciso hacer un alto para pensar y sentir. Celebramos día a día nuestros logros y continuamos la lucha para protegerlos y ampliarlos. Pero escuchamos a menudo a algunas de nuestras compañeras, veteranas en el movimiento, reconocer y gritar su cansancio, el deseo y la urgencia de hacer las cosas de otra manera. ¡ Qué bueno que hay algunas de ellas que lo reconocen ! Un cansancio que ha sido el resultado de trabajar para las mujeres a veces ignorando que nosotras estamos incluidas entre ellasl y tenemos necesidades. "En la vorágine de las reuniones, el cabildeo y las conferencias internacionales, entre informes, propuestas y ponencia nos hemos perdido a nosotras mismas. Y quizás parte de la eazón por la cual se nos hace difícil constituir el relevo es por que nosotras no somos atractivas, nuestro estilo de trabajo de sacrificio no necesariamente atrae a mujeres nuevas."

"Lo personal es político", uno de los argumentos que inspiró al movimiento. " Lo personal sigue siendo político", título de un artículo que cito, publicado en diciembre del 2000, por Adriana Santa Cruz, feminista, activista y directora de la Revista Fempress. "Sufro en carne propia el síndrome que afectó a gran parte de las mujeres que fuimos construyendo esta última ola del movimiento feminista en América Latina: llegamos, nos encontramos y nos hicimos complíces por un llamado viceral irresistible. De Ahí sacamos la fuerza, la imaginación y la pasión para exigir los cambios que hoy están a la vista. En el proceso nos fuimos institucionalizando, profesionalizando, burocratizando también. Hicimos leyes, alianzas políticas, cramos oficinas de la mujer en los Estados, cátedras de la mujer en las universidades, organizamos conferencias regionales y mundiales y espacios de comunicación como éste. Nos hicimos eficientes trabajadoras de la causa de las mujeres y sin saber cómo, parte importante de las tripaS se nos fue quedando en el camino." Lo que inspiró al movimiento parece de alguna manera se perdió en el camino. Promovemos la salud de las mujeres, pero no cuidamos de nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestras emociones y nuestro espiritú; reclamamos la paz y la no violencia, pero en ocasiones somos las primeras en violentar y boicotear nuestros propios procesos, reclamamos mejores condiciones de trabajo, pero se nos hace difícil parar de trabajar excesivamente. Y encima de esto hemos ignorado y nos hemos tragado el coraje, la frustración, la tristeza y el dolor que todo esto nos ha genenrnado."

Otro cuestionamiento que se est’a planteando en el interior del movimiento feminista en Puerto Rico y creo que en otros países de Latinoamerica, es el modelo de trabajo, las estructuras en las que estamos tratando de funcionar. Y digo tratando de funcionar por que de alguna manera se manifiesta un desgaste en los recursos humanos y cierta dificultad en lograr que el trabajo sea lo suficientemente efectivo y está integrado por la mayor parte de la gente. Lo que se está viendo actualmente es un exceso de trabajo, distribuido entre un mínimo de personas. Los trabajos administrativos relacionados con la adquisición de fondos para que los programas funcionen absorben gran cantidad de la energía y del tiempo. La estructura de las juntas directivas requeridas por los valores y princiios de quines conceden el dinero, no necesariamente responde a nuestras necesidades y expectativas. Este tipo de estructura jerárquica es parte de un modelo masculino y patriarcal que va en oposición a nuestro interés de crear estructuras m’as horizontales y equitativas. Las actividades educativas, en ocasiones no tienen gran alcance debido a la falta de participación. Lo que concebimos como alternativas a esta situación es: mayor ingerencia en los medios de comunicación masiva, los procesos de intercesoría y el fomentar la participación de personas voluntarias y comprometidas con el movimiento.

Pero más allá de los retos, me gustaría reconocer y honrar a las mujeres, los proyectos y las organizaciones de base que han asumido el trabajo feminista desde una perspectiva holística e integral, percibiendo a las mujeres como seres totales, espirituales, políticos y sociales que forman parte de una historia ancestral que las sostiene y las impulsa.

Como una mujer joven y relativamente nueva en el movimiento, debo decir que valoro las reflexiones y cuestionamientos que se están planteando entrando el nuevo milenio. Considero esto parte de un proceso de renovación. Siento que el llamado viceral y la pasión permanecen y es precisamente esto lo que nos hace visualizar nuevos estilos de trabajo y otras formas de transformación. Creo firmemente en la necesidad de mantener el compromiso y trabajar por una vida justa, digna y de paz para las mujeres, a partir de nosotras mismas. Veo la necesidad de integrar nuestros procesos personales a la lucha, en lugar de excluirlos. Todo debe comenzar desde nosotras y extenderse hacia las demás. De esta manera el movimiento será un organismo integrado y no fragmentado.

Pertenecer al movimiento feminista ha sido para mi una bendición. Siento que he desarrollado una conciencia y un estado de alerta, que me permite ver claramente, en la vida cotidiana, las manifestaciones de las distintas maneras de opresión. He crecido como mujer, como trabajadora, como madre, como activista, como organizadora, y es mucho lo que me falta. Y es precisamente por eso que estoy aquí, para continuara creciendo y para que el movimiento en favor de la transformación y la paz para las mujeres y para el mundo cuente conmigo.

Maribel Caro es una activista de la Coalición de los Derchos Reproductivos de Puerto Rico. Su ponencia fue presentada en la mesaredonda sobre Feminismo en el Caribe que fue parte de la 26ta. Conferencia Anual de la Asociación de Estudios del Caribe (AEC) celebrada en Puerto Rico en Mayo del 2001.


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